Crítica Juan Francisco Rueda para UNA MIRADA TENSA

Cuán certero es el título de esta muy estimable exposición de Juan Manuel Rodríguez (Málaga, 1979). Sus obras consiguen suspendernos en el desvelamiento de lo que miramos. Mirar no implica ver. Rodríguez es sabedor de esto y hacer que la mirada no sea fugaz ni cómoda, de modo que nos cuestionemos la representación. Por fortuna, Rodríguez ha puesto su virtuosismo, su registro hiperrealista, al servicio de un discurso que se funda en arrojar sombra sobre la prístina representación. Dicho de otro modo, que el grado extremo de verosimilitud de su factura no se convierta en fin, en vacuo talento reproductor o mimético, sino en medio para la incertidumbre. Y aún más: lejos de clausurar el sentido y de que lo obvio sea vía para lo obvio, ese verismo hace cuestionar lo representado, quiebra la apariencia como garante de verdad.

Fundamental parece la imaginería que adopta (personas que apuntan su mirada a algo que no está, ejercicios de primeros auxilios como el boca a boca, manos aparentemente cortadas en ademán de palpar), así como recursos que la pintura última ha empleado, Borremans especialmente, con primeros planos que aíslan lo que se ve de un contexto del que obtendríamos más información y menos dudas. Recursos que fueron puestos en práctica en la fotografía surrealista: la atención al detalle, el fuera de campo, el encuadre o el uso de la luz, de modo que podían desvirtuar lo retratado deviniendo otras realidades, se constituyeron en fundamentos para alcanzar el “extrañamiento”, el “dépaysement” que defendió Breton, y para revelar lo que latía bajo la manifiesta apariencia.

Casi todas sus figuras están dominadas por una especie de contención cercana al “ethos” clasicista, signo de ausencia o evasión. O si lo prefieren, una especie de desocupación de un cuerpo, de una figura, que se nos muestra extremadamente real. Algunos parecen tener la mirada perdida, otros cierran sus ojos y, como se señala en algún título (“Tránsito”), se acepta esa condición indefinida o imprecisa en la que parecen situarse los personajes. Quizás como nosotros, que nos hallamos suspendidos.